martes 25 de mayo de 2010

Por qué el final de Lost no es un fiasco

Casi todo en esta vida -salvo que, de haber nacido en Japón, sería Falete sería el que arrasaría Tokio y no Godzilla- es interpretable. Como no podía ser de otra manera, y atendiendo a la filosofía de la serie, el final de Lost (basta ya de decir Perdidos) deja la historia abierta a multitud de interpretaciones. Veinticuatro horas después de ver el final quizá aún sea demasiado pronto para hacerlo, pero ahí van mis impresiones.


Básicamente me gustaría explicar porque las acusaciones de final previsible en Lost están muy poco sostenida, por no decir que son una gilipollez. Tengo mis argumentos. Como ya ocurriera con los flashforwards y con multitud de giros argumentales (más o menos relevantes dentro de la trama), los guionistas de Lost nos la volvieron a meter doblada en el último capítulo como culminación de una última temporada que ha ido de menos a más.


Estoy hablando de la realidad paralela, alternativa, X,… Desde que Juliet, agonizante, dijera aquello de "It worked" ("funcionó") y nos enseñaran a todos los personajes en un Oceanic 815 que no se estrellaba, nos hemos afanado durante los dieciocho capítulos que ha tenido la última temporada en buscarle a esa dimensión un nombre molón; de forma estúpida, porque al final nos la han vuelto a colar. Aquello no era una realidad paralela, era una (i)realidad, un limbo, antesala de algo aún más místico, en el que cada uno vive su realidad idílica (Hugo no tiene mala suerte, Locke tiene un padre normal, Jack tiene un hijo,…) hasta que está preparado para "dejarlo ir" ("let go"). El que diga que no creía firmemente que aquello era, de verdad, una realidad paralela, miente.


Y no me vale eso de: "Vaya mierda de final, yo ya sabía que estaban todos muertos". Porque es cierto que desde el principio se ha manejado que en realidad todos habían muerto y la Isla era el Purgatorio. Ése sí hubiera sido un final decepcionante. Sin embargo, el final ha revelado que están todos muertos, sí, pero no en la Isla, ni todos a la vez (porque murieran al estrellarse el avión), sino en lo que nosotros habíamos asumido como otra dimensión íntimamente relacionada con la Isla. Por otro lado, lo de la otra dimensión no tenía desde luego un final feliz ya que, si asumimos que cada decisión tomada genera una situación diferente, estaríamos ante la tesitura de aceptar que esa sería una de las muchas dimensiones posibles al no estrellarse el avión en la isla (por no hablar de que podría haberse estrellado en otra isla).


Por supuesto, hay más de una interpretación, ésta es la mía. Al final, todos somos como Jack en su limbo, nos montamos la película como más nos interesa...

1 comentarios:

Jordi Revert dijo...

Pues sí, coincido en la interpretación... Y sí, ese limbo era la ocasión que estaban esperando muchos para decir "te lo dije".